Entre chantajes y antros, el Centro Histórico se desmorona
Por: Gerardo Mata
Zacatecas, Zac.- La bóveda del Centro Histórico se ha convertido en el nuevo instrumento con el que el Ayuntamiento de Zacatecas —encabezado por el alcalde Miguel Varela— pretende ejercer presión política contra el gobierno del estado, usando como rehén a la ciudadanía y generando alarma innecesaria en torno a un posible colapso estructural.
Mediante un comunicado oficial, el gobierno municipal “advierte” sobre el supuesto riesgo que corre la bóveda del Centro, asegurando que cuenta con un estudio técnico que avala su dicho, sin embargo, dicho estudio no ha sido exhibido públicamente, lo que deja en entredicho tanto la veracidad como la transparencia de la información.
En un intento por justificar su narrativa, el Ayuntamiento recurre al concepto de “patrimonio cultural”, un término que, según habitantes y especialistas, no comprende, no respeta y mucho menos salvaguarda.

Por el contrario, la política de permisividad y omisión que ha caracterizado a esta administración municipal ha sido profundamente lesiva para el Centro Histórico.
Tan solo en los últimos meses, el Ayuntamiento ha otorgado al menos 22 permisos irregulares a bares y antros que operan sin licencia, sin medidas acústicas, en espacios públicos, azoteas o sitios de alto valor histórico.
Esta tolerancia institucional ha generado conflictos con los vecinos, violando el marco legal y afectando directamente el patrimonio arquitectónico y la calidad de vida de quienes habitan en el primer cuadro de la ciudad.
Aún más preocupante resulta el hecho de que, desde hace más de una semana, una máquina pesada se encuentra abandonada justo sobre una bóveda secundaria, que ya ha presentado colapsos en el pasado y cuya restauración es urgente.
Este hecho, ignorado por el propio Ayuntamiento, contradice su aparente preocupación por el riesgo estructural.

Todo apunta a que el Ayuntamiento de Zacatecas utiliza nuevamente el temor ciudadano como herramienta de chantaje político, sembrando el miedo entre los habitantes del Centro Histórico con tal de conseguir recursos o acuerdos favorables por parte del Gobierno estatal.
La ciudadanía —una vez más— queda atrapada entre intereses políticos, mientras el verdadero patrimonio cultural, el orden urbano y el respeto a la ley siguen siendo relegados por una retórica hipócrita y oportunista.
















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