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Memo Hernández; 70 años de vida puestos a prueba en un quirófano

Memo Hernández; 70 años de vida puestos a prueba en un quirófano

Por: Guillermo Hernández Zavala | Colaboración especial para Testigo Ocular Noticias

Para Rous y HEB

A los 70 años, Guillermo Hernández Zavala enfrentó uno de los episodios más difíciles de su vida: una pancreatitis severa que lo llevó de urgencia al hospital, a permanecer varios días internado y, finalmente, a entrar a un quirófano donde, entre dolor, incertidumbre y recuerdos, sintió que la vida y la muerte se encontraron frente a frente.

Todo comenzó con un intenso dolor en la boca del estómago. La primera parada fue el área de Urgencias del ISSSTE, donde, relata, después de varias horas recibió atención y un diagnóstico de gastritis. Sin embargo, al día siguiente regresó con el rostro amarillento y un cuadro mucho más complicado. Los nuevos estudios apuntaron hacia una pancreatitis.

Así comenzó un largo periplo de análisis, estudios, ayunos, sondas, cambios de habitación y noches interminables. Entre batas blancas, médicos, enfermeras y pasillos hospitalarios, el dolor seguía ahí, recordándole a cada instante la fragilidad de la vida.

Para Memo, aquellos días también exhibieron las carencias y problemas que, desde su experiencia, enfrenta el ISSSTE: largos tiempos de espera, desorganización, falta de personal y una administración que considera ausente ante las necesidades de los pacientes.

Mientras su cuerpo libraba su propia batalla, también llegaron los recuerdos de siete décadas de vida: los buenos tintos, las cervezas, el coñac, el mezcal, el tequila, el whisky, el pulque, las carnitas, el chicharrón y la birria. Una vida entera pasando frente a sus ojos mientras los estudios médicos confirmaban lo inevitable: había que operar.

Cerca de las tres de la tarde del lunes 3 de agosto llegó el momento.

En camilla fue trasladado al quirófano. Oraciones, recuerdos y ruegos acompañaron esos últimos minutos consciente. Monitores, cámaras y luces rodeaban la sala mientras un joven médico le decía que respirara tranquilo, que comenzarían a dormirlo.

Durante casi tres horas, el equipo médico trabajó en su cuerpo. La cirugía permitió retirar la vesícula biliar y atender las complicaciones que habían puesto en riesgo su salud.

Después vino el despertar

Todavía bajo los efectos de la anestesia, Memo recuerda haber entreabierto los ojos y observado, junto a su camilla, la figura de un pequeño perro gris plata. Para él era “Hachi”, su fiel e inolvidable compañero, que parecía haber regresado sólo por unos instantes para acompañarlo.

A unos metros, otra escena contrastaba con todo lo vivido: una mujer acababa de convertirse en madre y sostenía a su bebé recién nacido. En aquella misma sala coincidían así dos historias: un recién nacido y un hombre que se sentía renacido.

Pero todavía faltaban horas de recuperación. Memo describe cerca de cinco horas entre monitores, frío, ruido y espera antes de regresar a piso. Una experiencia que volvió a poner frente a sus ojos lo que considera desorden, carencias y falta de conducción dentro del hospital.

Incluso dos pequeñas cucarachas que aparecieron en uno de los pasillos terminaron convertidas, dentro de su relato, en una imagen de las condiciones que asegura haber encontrado durante su estancia.

Sin embargo, entre las críticas también permanece el reconocimiento para quienes estuvieron junto a su cama. Jóvenes médicos y personal de enfermería que, recuerda, se presentaban, ofrecían ayuda y trabajaban para disminuir el dolor de los pacientes.

Guillermo salió de aquella experiencia con otra perspectiva. Después de 70 años de historias, excesos, alegrías, tragos, amistades y batallas, un quirófano terminó convirtiéndose en la frontera entre una vida y otra.

Hoy puede contarlo

Desde Testigo Ocular Noticias agradecemos esta colaboración de nuestro amigo Guillermo “Memo” Hernández Zavala, quien comparte una experiencia profundamente personal, escrita desde el dolor, la crítica, el humor y, sobre todo, desde una nueva oportunidad de vida.

A Memo le enviamos un fuerte abrazo y nuestros mejores deseos para que continúe con una recuperación favorable.

¡Con todo y para adelante, Memo! Todavía quedan muchas historias por contar.

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