Varela convierte a la capital en un gran ‘cagadero piloto’
Por: Don Serrano
Zacatecas, Zac.- En Zacatecas ya no sorprenden las ocurrencias del Ayuntamiento, pero esta vez el alcalde Miguel Varela decidió subir el nivel, o mejor dicho, bajarlo hasta el subsuelo.
En una iniciativa que nadie pidió, nadie consultó y nadie entiende, el presidente municipal instaló por toda la ciudad una serie de “cagaderos” y “miaderos” improvisados, disfrazados de “puntos de higiene para mascotas”; pero que en la práctica funcionan como auténticos focos de infección expuestos al aire libre.

Los aparatos, colocados sin pudor en la Alameda, en el costado de la Catedral, en callejones turísticos, zonas históricas y áreas de gran afluencia, están generando indignación y asco entre vecinos y visitantes.

No hay control sanitario, no hay protocolos de manejo de desechos y, para rematar, los residuos biológicos permanecerán ahí hasta que alguien —cuando pueda, cuando se acuerde, cuando haya personal— pase a recogerlos.
¿Qué significa esto?
Una ciudad convertida en un zoológico sin jaulas, donde los excrementos se exhiben como parte del paisaje y el olor es ya un nuevo atractivo turístico cortesía del Ayuntamiento.
Y todo esto, en pleno Centro Histórico de Zacatecas, Patrimonio Mundial, protegido por leyes que el propio gobierno municipal decidió ignorar.

Porque sí, además del desastre sanitario, esta “innovación” viola de frente el artículo 59 de la Ley de Protección y Conservación del Patrimonio Cultural de Zacatecas, que establece que cualquier intervención en zonas históricas requiere autorización de la Junta de Monumentos.
Pero, claro, para un “programa piloto” todo se vale, hasta ensuciar lo que debería protegerse.
Y aunque uno podría enlistar al menos quince razones por las que esta idea es un despropósito monumental, esperaremos —como dicen ellos— a ver “los resultados”.

No vaya a ser que, como muchos experimentos municipales, la cosa termine costando más limpiar el tiradero que lo que costó instalarlo.
Ojalá el Centro INAH Zacatecas tome nota, porque el daño al patrimonio no siempre viene con martillo y cemento; también puede venir envuelto en ocurrencias disfrazadas de políticas públicas.
















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