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Al Chile: Lágrimas, lujos y ladridos; el show de Miguel Alonso

Al Chile: Lágrimas, lujos y ladridos; el show de Miguel Alonso

Por: Don Serrano

Zacatecas, Zac.- En estas líneas no se reparten caricias. Aquí nadie se salva. “Al Chile” es un espacio sin filtros, donde se desmenuza a los poderosos, se sacude la memoria selectiva y se escupe lo que muchos piensan y pocos se atreven a decir.

Políticos, funcionarios, ricos de ocasión, artistas del cinismo y bufones del poder: todos caben cuando la hipocresía rebasa el cinismo. Y si duele, es porque va con picor.

Así que, agárrese don Miguel… que va la suya.

No se hagan los que no se acuerdan. Que no venga ahora Miguel Alonso Reyes a querer jugarla de institucional y mártir político, cuando en el sexenio de Amalia García, siendo secretario de Turismo, ya se le veía el gusto por el reflector, por lo fino… y por otras vainas.

Desde entonces, el señor se relamía por salir en la foto con cuanto famoso se le pusiera enfrente. Y como no siempre tenía el valor de ir él mismo, pues mandaba a su particular Hans R. —primo, sobrino o lo que sea— a hacer la talacha: “Ve por el autógrafo, consígueme la selfie”.

Todo por engrosar su álbum de “amistades VIP” con ricos, guapos y celebridades. Ya sabemos que Miguelito siempre tuvo gustos caros, aunque empezara su dieta política a base de atún enlatado.

Eso sí, cuando ya le cayó el presupuesto gordo —porque claro, el poder es proteína pura para algunos— se le veía ya no con atún, sino con makis caros en el Unagui, su sushi favorito, acompañado de Lalo L., compadre, amigo del alma… y por cierto, siempre en nómina gubernamental. Porque así son las cosas: se come rico, se cobra sin trabajar, y encima se pasa el diezmo entre panas.

Ah, y no se nos olvide que al exgobernador no solo le invertía a los medios para que hablaran bonito de él. También se gastaba lo suyo en mascarillas, dietas, maquillaje, vino caro y productos para que no le brillara tanto la frente.

Sí, porque tiene el cutis graso, y también hubo quien le acomodara la ceja tipo Elmo, porque se le desproporcionó con el estrés del poder… o del ego.

Y claro, no podía faltar el dato fino: empezó sus pininos diplomáticos en alguna embajada, cortesía del padrinazgo de Ricardo Monreal, su verdadero mentor político, el que lo cobijó y lo llevó de la manita a la cima.

Pero ya en la cumbre, le mordió la mano al que le dio de comer, tirando patadas al pesebre y pretendiendo que su ambición nunca existió.

Porque hay que decirlo claro: a Miguel le gustaron siempre el dinero, la fama, los lujos… y la riata. Bueno, eso ya cada quién lo que aguante, pero de que le encantó lo bueno, le encantó.

¿Y la Casa Bellagio? ¿Los ranchos? ¿Los vuelos en jets privados? ¿Los terrenitos en toda la zona sur de Zacatecas que ya andan en venta? No son cuento: hay más de 17 millones documentados en movidas que no se explican solo con atún.

Y ya que hablamos de lo que sí le toca, fue en su sexenio cuando se despilfarró la seguridad pública en Zacatecas. Cuando los grupos criminales se postraron, los homicidios se multiplicaron, y se empezó a desfondar el erario que ahora ni alcanza para pagarle a los maestros.ç

Y todavía tiene la cara de salir a un programa de radio a llorar como niña, diciendo que no fue, que no sabía, que por qué lo critican.

Pues no le queda, como bien dijo el secretario Rodrigo Reyes. Porque tirar la piedra y esconder la mano es su especialidad, pero la gente ya no se lo traga.

Al chile: si hay alguien a quien Zacatecas sí le puede reclamar esta ruina —de inseguridad, de pobreza, de deuda— es a Miguel Alonso Reyes, que hoy se hace el digno… pero no puede negar su historia.
Porque aunque hoy se disfrace de víctima, todos sabemos que le gustó vivir como rey, aunque gobernara como bufón.

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