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De la Batalla de las Ideas a la Herencia Maldita

De la Batalla de las Ideas a la Herencia Maldita

Por: Alejandro Valencia Barrera.

Zacatecas, Zac.- Es mejor que te vayas a Zacatecas, me dijo mi Papá (qepd), antes de recibir la bendición de mi Madre. Y aquí sigo luego de casi 30 años, aquí sigo.

Jamás me ha gustado escribir en primera persona, pero en esta oportunidad es justo y necesario. Hoy como nunca había visto y sentido esta guerra de tinta mediática, este odio y al mismo tiempo, culto a un gobernante.

Ese fenómeno lo está generando David Monreal, quien a pulso y luego de tres turnos al bate, pegó palo de vuelta entera y hoy gobierna Zacatecas. Para algunos cercanos es el que va a poner la entidad a la altura de otros lugares, todo para bien.

Más allá, sentados en el ocre antecomedor de los malparidos, están los que satanizan, vaticinan debacles, y juran tener la solución en las manos. Mismas manos que han quedado fuera y lejos de las cupulares decisiones, por ello los dardos envenenados.

En 1992 Juan Antonio Valtierra, entonces jefe de prensa de la campaña de Arturo Romo, candidato tricolor al gobierno de Zacatecas, me dijo: esto va a ser una madriza, pero vamos a ganar, ya después veremos cómo nos acomodamos.

Me ofrecieron trabajar en prensa de gobierno, y decidí trabajar en el ya extinto Heraldo de Zacatecas. Fueron malis tiempos para el periodismo local.

La victoria del hijo pródigo de la CTM fue aplastante, tanto así, que nadie recuerda siquiera el nombre de sus contrincantes. Su discurso frontal, cargado de añejo romance y amenazas veladas, convencieron al colectivo, fue una campaña de casi seis meses, una vida.

Su gobierno, que fue llamado “El Sexenio Trágico” por dos influyentes periodistas de la época, no pasó nada de lo prometido en campaña, nada. Los ricos se volvieron más ricos, los pobres más pobres, y los pendejos aprendieron a nadar en la política mar del oportunismo.

Lo único rescatable fue el compendio de discursos llamado “La Batalla de las Ideas”, lectura obligada para los nóveles políticos. Su “Zacatecas en Campaña” se convirtió en “Zacatecas en Champaña”. Pasó a la historia sin pena ni gloria.

Muchos y muchas de aquel insípido gabinete (1992-98), siguen incrustados como pedazo de vidrio en la suela de David Monreal. Han vivido del presupuesto, han vivido de todos, han vivido entre las sombras.

Otro proceso electoral que viví de cerca, fue el de Ricardo Monreal, el abandono político del otrora partidazo, se convirtió en amarilla marea que ahogó las esperanzas priístas. El golpe fue tal, que mucho priísta terminó en grupos de ayuda psiquiátrica y de atención por drogas y alcohol.

“El Chamuco” acariciaba con la derecha y golpeaba con la izquierda, hizo de los medios de comunicación, dicho por él mismo, su gabinete ampliado. La entrega de recursos era públicamente discrecional, concesiones de taxis, y más.

Recuerdo en alguna ocasión que, en su casa de Bernárdez, un diciembre por la tarde, reunió a un nutrido grupo de reporteros y corresponsales, en el jardín. Ahí el Gobernador mediante una rifa más amañada que elección de rancho, rifó sobres amarillos, todos ganamos.

Yo entonces enviaba información a Excélsior, el Periódico de la Vida Nacional. A punto estuve de perder la chamba, pero no, me aguantaron unos años más.

El único nacional que no acudió, o quizá no lo invitaron, fue el representante de La Jornada. Al día siguiente el diario dio cuenta del hecho, con pelos, señales, y hasta cantidades. No pasó a mayores y todos cubrimos añejas deudas, Ricardo una vez más salió avante.

De Amalia García sólo puedo decir que fue un sexenio rosa, gobernando desde un banco alto de cualquier bar, gobernado por el séquito de su hija Claudia Corichi. Muchos periodistas de extrema altura, aún deben cuentas en bares, hoteles y moteles.

Las únicas personas que aún suspiran aquellos días, son intocables damas de sociedad, que hicieron de Europa su lugar favorito para beber café. Nadie recuerda una obra cumbre, y nadie lo hace, pues nada hubo.

Miguel Alonso abrió la chequera, pagó de más y, como dice la canción de Juan Gabriel: ése fue su error. Los beneficiados bien podían trabajar en algún espectáculo acuático, con el papel de foca aplaudidora. Los que no, podían trabajar en el mismo sitio, pero como tiburones, sin dientes.

Hasta la fecha Miguel Alonso sigue tan campante como siempre, los rumores de sus amoríos y desvaríos, quedaron cubiertos con el fino polvillo que se desprenden de las pacas de dinero ajeno. Es a nivel nacional, ejemplo de trabajo, entrega partidista, y valemadrismo político.

Sin querer, y por más necesidad que gusto, estuve metido en la campaña de Alejandro Tello, no sabía lo que hacía, bueno sí sabía, pero no hice caso a mi instinto. Es peligroso y hasta temerario tomar decisiones con el estómago vacío.

Por un momento pensé, sobre todo en Concepción del Oro, que estaba frente al político mejor preparado, y sobre todo, por no ser político. Le compré el discurso, le creí todo y sin que nadie me lo pidiera oficialmente, empecé a trabajar para él.

Su entonces jefe de prensa, de a poco me fue soltando responsabilidades, siempre hice de más, no me arrepiento de nada. El pago a la larga, puños de lodo en la espalda, pues de frente no cualquiera le atora, no cualquiera.

Él, Tello gobernaba, pero su esposa mandaba, todos obedecían a regañadientes, secreto a voces. Me quedo con una sandia que pagó a dos pequeños hermanos que llegaron a preguntar el costo de la misma, con un puñado de monedas en sus curtidas manos morenas.

Llegué incluso a trabajar en gobierno, no en el Área de Prensa, pues el celo profesional y hasta el temor del titular, me orillaron a laborar en Relaciones Públicas, de lujo. Mi trabajo fue reconocido y aplaudido, tanto así, que la basura que mandaba sobre la conciencia de muchos, pero no el Gobernador, ordenó pagarme 8 mil pesotes al mes.

En seis meses renuncié y recobré mi libertad, en todos los sentidos.

A David Monreal le creo lo que está haciendo, me queda claro que es de una pieza y no anda con medias tintas. Se nota que sabe al dedal el libro “El Príncipe”. No es el político bonachón que recién se fue a vivir al extranjero, no es él de la sonrisa fácil que lleva su misma sangre.

Incomoda a más de cuatro, su tan citada “herencia maldita” , será acaso que muchos esperaban estar en el testamento de los que movían los hilos y el dinero…?

Apenas van cuatro meses de esta Nueva Gobernanza, y ciertamente son más los zacatecanos que creen y aportan, que aquellos que callan y cobran. Y peor aún, los que escupen y no cobran.

Y no, no soy parte de gobierno, soy periodista y con eso tengo bastante. Los despistados dicen: ¡pobre, no le dieron nada…! No se trata de pedir, cuando te das el lujo de elegir, pero esa, es otra historia…

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